Cada dos por tres aparece un amigo que pagó 300 € por una web y otro que pagó 3.000 € por algo parecido. ¿Quién te está tomando el pelo? Pues probablemente ninguno, pero uno te está vendiendo una cosa y el otro, otra muy distinta.
Las cinco partidas que forman el precio
Una web de negocio local se compone de cinco bloques. Si un presupuesto no los desglosa al menos a grandes rasgos, desconfía.
- Estructura y diseño: las páginas que necesitas, cómo se navega, el aspecto general. Aquí cabe desde una plantilla retocada hasta un diseño a medida. La diferencia es abismal.
- Textos y fotografías: el texto no lo pone el programador, y las fotos de banco de imágenes se notan. Si tu presupuesto no incluye ni lo uno ni lo otro, lo pagarás aparte… o lo harás tú.
- Desarrollo y puesta en marcha: dominio, hosting, alta en Google, formularios, avisos legales. Lo aburrido, pero lo que hace que la web funcione de verdad.
- Formación y ajustes: que te enseñen a editar tu web y que la dejen fina en móvil. Si esto no está, prepárate para una web que se ve regular en el teléfono de tu cliente.
- Mantenimiento: actualizaciones, copias de seguridad, revisiones. Algunos lo incluyen en el precio mensual; otros lo cobran aparte. No es opcional: sin mantenimiento, tu web se rompe.
Cómo comparar presupuestos sin volverte loco
Haz una tabla con esas cinco partidas y anota qué incluye cada oferta. Verás que el de 300 € te deja cuatro casillas vacías, y el de 3.000 € te mete cosas que no necesitas. El precio justo no es el más barato, es el que cubre lo que tu negocio necesita sin pagar postureo.
Señales de alarma
- Te cobran por páginas que no sabes si necesitas.
- No te dicen quién redacta los textos ni de dónde salen las fotos.
- El mantenimiento no aparece por ninguna parte.
- Te prometen la web en 48 horas: o es plantilla sin personalizar o te van a entregar algo precocinado.
Si no quieres liarte, cualquier presupuesto serio ronda las mismas partidas. La diferencia está en cómo se cubren.
Pide un diagnóstico gratuito en stanvakweb y mira tu proyecto con criterio antes de pagar. Tu web no es un gasto: es una inversión, pero solo si sabes lo que estás comprando.